Carlos Martí, en breve, ante el Congreso de Cádiz: “Nunca antes los alcaldes habéis tenido tanto protagonismo para haceros prescriptores del cambio”

Carlos Martí es director de la revista Ciudad Sostenible.

“Las administraciones deben tomar medidas directas e inmediatas”.

“La palabra sostenibilidad se usa mucho pero se aplica poco”.

¿Cómo definirías en una frase el estado de caminabilidad de nuestras ciudades?

Una ciudad que me permite caminar es aquella donde puedo ir a pie mirando al frente, sin necesidad de estar alerta a peligros ajenos a mi propio comportamiento, al paso de un vehículo, a aceras en mal estado, a mobiliario urbano mal colocado, a niveles de la calzada más diseñados…

Pidiendo por favor a la gente que camine, ¿crees que caminará más?

La buena voluntad nunca sobra, pero no parece suficiente para cambiar el paradigma. Las inercias propias de la movilidad del siglo XX son muy fuertes todavía en este siglo XXI, algo que por otro lado ocurre también con la propia planificación urbana de las ciudades. La transformación de nuestros modelos para movernos en la ciudad es también una cuestión cultural, y por tanto lleva su tiempo, algo que precisamente no tenemos. Ha de haber, por tanto, una postura más disruptiva por parte de las administraciones, tomando medidas directas e inmediatas.

¿Qué te dice la palabra “sostenible”?

A estas alturas dice mucho y a la vez no dice nada. Si acordamos ubicar el nacimiento del concepto de desarrollo sostenible entre finales de los años 80 y principios de los 90 con la Cumbre de Rio del 92 y la definición que hizo Gro Harlem Bruntland de 1987, vemos que esta “idea” tiene ya cerca de 30 años años de recorrido. En cierto modo, ha habido una abuso del término, una apropiación indebida por parte de muchos y, sobre todo, una simplificación del concepto que ha llevado a la palabra sostenible a carecer de significado y profundidad en numerosos contextos. Sostenible, o sostenibilidad, no es en sí mismo una meta, sino un proceso, una forma de comprender las realidades para avanzar en su transformación. Y en este sentido, creo que la palabra se usa mucho pero se aplica poco.

¿Estamos enamorados de nuestros coches?

Así nos lo hacen ver, por ejemplo, los anuncios de publicidad, posiblemente la herramienta más poderosa de la comunicación desde hace décadas. Automóvil ha significado, y sigue haciéndolo en gran medida, éxito social, buena posición económica y triunfo personal (el que no puede pagarse un coche no lo queda otro remedio que ir en autobús…). Lo vemos asociado a una aspiración vital donde también están otros elementos como la vivienda en propiedad. Coche y casa en propiedad, el binomio del desarrollismo desde los años 60. Sin embargo, cada vez más gente, especialmente las generaciones jóvenes, están rompiendo este paradigma. Ni quieren una hipoteca a cuarenta años ni pagar un coche mes a mes. Estamos pasando de la cultura del “tener” a la de “compartir”. Y esto es clave en los nuevos modelos urbanos.

¿Crees que volveremos a ver niños y niñas jugando masivamente en las calles?

Para que esto ocurra, no solo es importante cambiar radicalmente nuestros sistemas de movilidad, sino ir al fondo del problema: el diseño urbano. Hoy, generalmente las ciudades no están pensadas para que la ciudadanía haga un uso social del espacio público y que éste se convierta en un lugar de complejidad, cohesión, diversidad y encuentro, a pesar de que esto hace “más ciudad” que cualquier otra medida a nivel urbanístico. Cerrar una calle a los coches para convertirla en peatonal o ampliar la red de carriles bici son intervenciones que se hacen de una manera rápida, pero la planificación y construcción de la ciudad es algo que va a durar decenas de años (me refiero a la construcción de ciudad “nueva”). Si diseñamos mal, tendremos ciudades inoperantes durante mucho tiempo con estructuras irreversibles. Por ejemplo, hay barrios nuevos en algunas ciudades levantados recientemente que ya han nacido mal y en los que ahora cuesta mucho más transformar el modelo.

Parece que debemos acabar con la invasión de coches en las ciudades ¿Sólo por una razón de lucha contra la contaminación?

Por encima de la contaminación del aire, y reconociendo que es un tema que esta siendo capital para poner de relieve el debate sobre nuestra movilidad urbana, yo diría que la verdadera espoleta está siendo la emergencia climática. No solo se trata de transformar la movilidad urbana, sino también el modelo energético para reducir las emisiones de C02 y mitigar los impactos del cambio climático.
No obstante, un atasco de coches eléctricos tiene los mismos efectos negativos sobre el espacio público urbano como lo tiene uno de coches de motor térmico; un coche eléctrico estacionado en la calle ocupa el mismo espacio que un coche de motor térmico; un coche eléctrico te puede atropellar igual que un coche de motor térmico…

Haz una llamada a la valentía de los alcaldes para reducir el tráfico a motor.

Por fortuna la ciudadanía empieza a comprender que no habrá bienestar humano si nuestras ciudades no evolucionan y se convierten en lugares para la vida. Los gobiernos locales estáis llamados a liderar esta transformación desde vuestras ciudades y a marcar el camino al conjunto de la sociedad. Nunca antes habéis tenido tanta responsabilidad sobre vuestros hombros y tanto protagonismo para ser los prescriptores del cambio.

info@ciudadesquecaminan.org

La Red de Ciudades que Caminan es una asociación sin ánimo de lucro, abierta a ayuntamientos y otras administraciones públicas comprometidas con la caminabilidad. Nuestro objetivo principal es que los viandantes sean máximos protagonistas de la movilidad urbana y del espacio público.

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