Tiempo público y espacio público

por | Ene 12, 2023 | Blog, Panorama

Por Jose Luis Cañavate. Urbanista

joseluis@canavate.eu

Cinco de cada diez habitantes consideran que el tráfico es su principal pesadilla, curiosamente menos de un cinco por ciento opina que los espacios públicos representan un problema grave, ¿significa esto que estamos contentos con nuestros espacios públicos?.


El espacio público sin el tiempo necesario para su disfrute no tiene sentido, hemos dedicado una gran parte de nuestras energías como ciudadanos en pedir espacios públicos… ¿para qué?, si nos tiramos todo el día viajando de un sitio a otro en ciudades donde todo está lejos. 

Esa mágica combinación de espacio-tiempo que supone disponer un parquecito junto a mi casa al que solo tardo cinco minutos es un lujo olvidado para la mayoría de los urbanitas, solo en algunos distritos de algunas ciudades se produce esa combinación y solo para algunos escogidos que se pueden permitir ir paseando a sus placitas y jardines y, de paso, compartir el tiempo con sus vecinos, algo sofisticado que escasea en nuestras vidas.

Necesitamos con cierta urgencia otra visión del espacio, queremos espacios con tiempo para usarlo, queremos que nos devuelvan nuestro tiempo, sobre todo el tiempo público, el que se puede compartir y para ello debemos incluir el derecho al tiempo público entre nuestras reivindicaciones ciudadanas y averiguar dónde está el tiempo que usábamos para charlar con el vecino.

Es admirable la red de parques y jardines de algunas grandes ciudades, pero donde  me cuesta mas de una hora llegar al espacio público “de otros”, por tanto, gasto demasiado tiempo en poder disponer de espacio, la ecuación no funciona, es una ecuación indivisible, no se puede disponer de espacio sin tiempo y si no tenemos tiempo la persona se dosuelve como entidad cultural y nuestro país ha sido, es y debe ser una sociedad basada en la cultura urbana. 

El tiempo público es tan importante como espacio público, y si no disponemos de tiempo para compartir, la ciudad deja de ser ciudad, pasa a ser otra cosa, un depósito de casas, de centros comerciales, de industrias, incluso de parques, pero ya no es ciudad; nuestras ciudades están dejando de ser aquello que fueron para convertirse en algo a lo que no nos atrevemos a poner nombre

La interacción sensorial entre las personas requiere ritmos, percibir una sonrisa y devolverla es barato, pero hay que devolverla y eso demanda unos segundos y una forma de movernos que no vaya más allá de una velocidad prudente de 3 metros por segundo.  Caminar vuelve a ser la clave.

Tal vez debamos cambiar la forma de entender ciudades que se caminan en una relación de espacios y ritmos muy concreta, tal vez el plano como artilugio de trabajo para los diseñadores urbanos no valga para construir ciudades, el diseñador debería entrar en el interior de la película.

Para empezar, no queremos más urbanistas ni arquitectos de gabinete, este un defecto generacional que debemos olvidar, necesitamos diseñadores de calle, que vivan la ciudad entre las personas, que se confundan con ellas. 

La conclusión es simple, no solo nos han quitado el espacio social, también nos han sustraído el tiempo que necesitamos para disfrutar de unos espacios que no necesitan ser lujosos, sino estar junto a nuestras casas en nuestro barrio. El tiempo que quiero compartir con mis amigos y vecinos es mío y no me lo puede quitar una planificación obsoleta que ha creado una ciudad donde todo está lejos y donde además no tengo un sistema eficaz de transporte.

Señores y señoras que candidatean a gestionar mi ciudad, por favor: ¡devuélvanme mi tiempo!

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