¿Cómo afecta a las ciudades la actual transformación comercial?

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El zócalo urbano y su actividad principal, el comercio, a debate en València

La conversión de espacios comerciales en viviendas, una tendencia el alza sobre la que hay que reflexionar para que los edificios no se conviertan en paredes ciegas hacia la calle

 


El comercio y su importancia en las ciudades en transformación protagonizó recientemente la jornada “Conectando ciudad, comercio y personas” en València organizado por la Oficina de Comercio y Territorio de la Generalitat, en la que participó Ana Montalbán, directora técnica de la Red de Ciudades que Caminan, al lado de otras personas de perfil técnico relacionadas con el diseño urbano.

Los preparativos para la celebración de la Capital Verde Europea que la ciudad desarrollará durante 2024 y las razones que la llevaron a conseguir ese honor, así como el planteamiento de las misiones de la capital durante ese período protagonizaron la primera parte de la jornada.

Las necesidad de aprovechar las futuras zonas de bajas emisiones para crear entornos urbanos de mayor calidad para el bienestar de las personas fue defendido por Ana Montalbán, que hizo un repaso por las antiguas resistencias de los comerciantes hacia los cambios, cuando en la actualidad ya son en muchos casos los mismos comerciantes quienes piden transformaciones importantes. 

Las zonas de bajas emisiones no pueden convertirse únicamente en un modo de invertir en tecnología, tanto de coches como de cámaras, pero sí en un método para ganar calidad urbana a través de la reducción de los desplazamientos en coche, ganando espacio público a través de medidas como la restricción del aparcamiento en superficie, el calmado de tráfico y disposiciones organizativas como la circulación en bucles para evitar atajos, las calles restringidas para tráfico de coexistencia, etc.

En definitiva, convertir las zonas de bajas emisiones en zonas de bienestar sería la única forma de incidir en el espacio público y que la propia calle sea la que eduque acerca de la nueva forma de utilizar la ciudad.

El camino de València hacia su ZBE está sometido a un proceso participativo, mientras se va adquiriendo el material tecnológico para los controles de tráfico, tal como contó Ruth López, la jefa de servicio de Mobilitat Sostenible del Ajuntament valenciano.

La decadencia silenciosa del comercio tradicional fue destacada por Lluís Frago, profesor de geografía de la Universitat de Barcelona, que habló de que incluso grandes cadenas de distribución textil están cerrando tiendas físicas y potenciando sus departamentos de comercio electrónico, que se viene a sumar como factor de decadencia del comercio de calle a la concentración en centros comerciales que se viene produciendo desde hace décadas.

A ello hay que sumar la bajada del poder adquisitivo en general y lo que denominó el hogar “como ciudad cero minutos”, ya que se hacen en casa mil cosas que antes se hacían en el espacio público, como comprar, trabajar o entretenerse. Ya no es necesario salir de casa para todas esas cosas. Además consideró importantes otros factores como la subida incesante del precio del suelo urbano.

La última milla

El análisis de los repartos de última milla, realizado por May López hizo pensar al público sobre un conjunto de datos acerca de las consecuencias negativas y silenciosas del comercio electrónico, como la contaminación generada por los repartos o las cuestiones de seguridad vial derivadas del impactante aumento de la distribución domiciliaria, traducidas en atropellos, que vienen alentados por costumbres provocadas por las devoluciones gratuitas, como comprar 3 tallas para devolver 2.

La multiplicación del esfuerzo y el derroche energético que supone el aumento de km por ausencia de los receptores en sus domicilios; el aumento de residuos por el notable incremento del embalaje frente al comercio tradicional fueron datos para valorar globalmente. 

El comercio electrónico viene para quedarse, no se puede luchar contra él. Los pequeños deben sumarse, pero se ve necesario establecer unas reglas del juego que sean justas, ya que resulta imposible que el pequeño compita contra las grandes empresas distribuidoras con las reglas actuales, así como acciones que eviten todas las externalidades negativas. Citó también algunas buenas prácticas que ya se están implementando como cobrar por las devoluciones o la realización de entregas en comercios locales que se convierten en microhubs de distribución.

La perspectiva de género, el verde urbano como factor de sostenibilidad y la necesidad de contar con buenos datos para introducir la perspectiva comercial en los proyectos de diseño urbano fueron temas que se trataron en la mesa posterior a cargo de firmas como Sostre, Singulargreen y 300.000 km/s.

Verde urbano y «apariencia de sostenibilidad»

La influencia del comercio en en zócalo urbano es determinante para la vitalidad del espacio público, tal como quedó de manifiesto en la intervención de Natalia García y Mariola Fortuño. Jordi Serramia generó interesantes reflexiones sobre la apariencia de sostenibilidad: utilizar maceteros que tienen que ser regados con cubas y por tanto a través de automóviles o vivir en un bloque de 30 viviendas en relación a habitar viviendas unifamiliares esparcidas y con cubierta vegetal, en relación a la densidad poblacional.

La última parte de la jornada se dedicó al estudio de casos prácticos. Si se cuenta con equipos técnicos creativos que sean capaces de diseñar espacios atractivos, cómodos, estimulantes se haría mucho por el diseño sostenible, ya que es necesario conectar con el corazón de la ciudadanía… Un buen análisis y una buena planificación se quedan cojas sin buenos proyectos que sean asumidos con orgullo y sentido de pertenencia por las personas que van a habitarlos.

Función residencial de los bajos

Una de las reflexiones más interesantes de la jornada fue en torno a la necesaria flexibilización de la normativa urbanística para permitir la función residencial en los pisos bajos que nacieron con vocación comercial, pero que en la actualidad ya no tienen esa función y permanecen cerrados. 

Sería interesante generar una nueva filosofía en torno la tipología de estas nuevas viviendas, para procurar que no pierdan totalmente su relación visual interior/exterior con la calle sin comprometer la privacidad. Una fórmula posible sería a través por ejemplo de fórmulas mixtas de viviendas que integren espacios de trabajo como despachos de abogacía, psicología, talleres de artesanía, coworkings, etc.

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